Forzon

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viernes, 28 de febrero de 2014

Lo cuántico y lo contable.

La cuántica es la niña bonita de la física, se le permite todo. Amparados en la permisividad que da la falta de entendimiento de algunos fenómenos cuánticos, tanto científicos como seudocientíficos no dudan en construir las más atrevidas teorías, la mayoría de ellas  sin pies ni cabeza, o sea, completamente disparatadas, incompletas y sin sentido alguno.  Incluso hay casos en que ambos, científicos y seudocientíficos parecen coincidir en el mismo disparate haciendo alarde de una sospechosa connivencia, como algunos trabajos recientes que intentan relacionar la conciencia con la cuántica.
Muy lejos de todo ese resbaladizo mundo cuántico, tenemos la teoría del forzón, que, si destaca por algo, es por tener un sentido pleno. En el forzón no hay dudas, las cuentas están claras y cualquiera puede repetirlas. Es por ello que el forzón marcas unos límites claros y pone freno a la excesiva imaginación cuántica. Pues si bien es cierto que todo puede ser explicado con campos, también es cierto que, de algún modo, estos campos construyen cosas que actúan como partículas sólidamente identificadas que respetan las normas de la teoría del forzón. De no ser así, dicha teoría no habría podido ser desarrollada, ni la compañía IBM habría podido escribir su logotipo con unos cuantos átomos individuales. igualmente, si el electrón sólo fuera una onda, no habríamos podido ver durante décadas los televisores con sus pantallas de rayos catódicos. Gracias a que pueden comportarse como partículas han podido ser acelerados para que impacten como balas en la pantalla del TV y desprendan la luz que forma las imágenes.
Por alguna razón los campos no se dispersan totalmente por el espacio y modificando deliberadamente las probabilidades, deciden concentrarse sólo en la región del espacio que alberga al electrón dando origen de ese modo a lo que puede ser entendido, a todas luces, como una partícula, desde luego, la cuántica tendrá las herramientas para explicar como esto ocurre.
De nuevo tenemos dos realidades que hay que llegar a compatibilizar para poder decir que hemos entendido el universo, la resbaladiza e incontable cuántica y la absoluta contabilidad del forzón.